Siempre he sido una niña muy tímida. Me costaba abrirme y poder expresarme como me hubiera gustado en ese momento. Pero sin duda si algo hacía que saliera de mi coraza, era mi pasión por compartir y ayudar a los demás. 

Esa misma pasión, me llevó en un primer instante a estudiar Nutrición y dietética y finalmente a graduarme como Farmacéutica e incluso trabajar en diferentes farmacias antes de acabar la carrera. Mucho tuvo que ver aquí mi espíritu de superación por conseguir todo lo que me propusiera. Ese espíritu que se iba alimentando día a día con las opiniones de las personas que me decían que no lo iba a conseguir. 

Así que allí estaba yo en todas y cada una de las farmacias. Con esa sonrisa de oreja a oreja por darle mucho más que una dispensación de producto a los clientes. Quería cambiar ese concepto de la farmacia, y poder ayudarles de verdad. Escuchándolos, entendiendo qué les pasaba y así poder poner mi granito de arena para hacer de su día, un día mucho más feliz. Haciéndoles sentir que alguien les había querido ayudar y cuidar ese día.

Sin embargo, no ha sido un camino de rosas. Pero eso aún me dio más fuerzas para lanzarme a la aventura de emprender por mi cuenta, demostrando al mundo que tengo algo muy valioso que sin duda merece la pena ser compartido.

Quería trascender mucho más en lo que estaba haciendo. Quería apostar por no solo un asesoramiento personalizado, sino también por enseñarles a través del maquillaje y del cuidado de la piel, que se puede unir salud y belleza para que tu piel esté día a día más bonita. 

Así nació el símbolo del jazmín. Considerada a su vez flor de la belleza y flor medicinal. Una flor preciosa y muy característica que es una enredadera buscando siempre su ascenso y evolucionar. Esta es mi forma de entender la belleza. Porque la belleza no solo está en ti, sino en cómo te estás cuidando para que consigas ser tu mejor versión. 

Una total serendipia. Ese hallazgo inesperado que cambia el rumbo de tu vida. Como esa flor de jazmín en mitad del bosque. El contacto con la naturaleza, con nuestras raíces, con el olor a flores y maderas. Con el hecho de que, aunque haya piedras y enredaderas, por tu camino, siempre va a haber una serendipia para que te ilumine.

 

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